Recomenzar

Retomo aquí este proyecto que surgió hace unos meses y que a las primeras de cambio dejó de tener continuidad. Esto fue debido a mi falta de decisión. Al no tener claro si desnudarme ante los demás era una buena idea y si podría aportarme algo.
Pasados estos meses y estas dudas, creo que será una buena idea seguir con esta especie de diario personal abierto a quien lo quiera leer. Aquí tendrán cabida las cosas que no cuento en otros sitios por razones obvias. El Adanero más informal queda reservado para otros lugares y aquí escribirá Angel sus historias más personales.
Por medio de este diario soltaré las cosas que llevo dentro y que servirán a quien me lea para conocerme más en profundidad. Para saber de la otra versión de Adanero, la que a veces sufre y llora por la vida. La que también disfruta por las pequeñas cosas que en ocasiones hacen que la vida (a pesar de todo) merezca mucho ser vivida.

Así pues, me enfrento con decisión y una buena dosis de miedo a mostrarme como soy. O por lo menos a enseñar ese lado de mí que los demás desconocen por haberlo escondido yo con recelo. Me enfrento a mí mismo y a mis fantasmas. A mi timidez y mi cobardía. A mis miserias y a mis dolores. A todas aquellas cosas que me cuesta tanto contar y mostrar a los demás. A aquello que suelo guardar para mí y que acaba formando parte de mi dolor personal.

En Valladolid la madrugada del martes 10 de noviembre de 2009. Sonando el Largo del Concierto para piano nº3 de Beethoven. Karajan y Gould los culpables.

12 de mayo de 2009

Hoy pensaba que iba a ser un día difícil con los críos. Sobre todo con Alejandro. Les he recogido por la tarde y yo trabajo de noche. No sabía como hacer para evitar que llorase al saber que me tenía que marchar.
Al final he recurrido a los puntos. Quién me iba a decir que aquella idea que surgió de manera casual, fuera a resultar tan beneficiosa para el niño y para mí. Le he dicho que si se portaba bien y no lloraba, se ganaría tres puntos.
La cosa ha sido efectiva. También hemos estado imprimiendo unos dibujos para colorear. Todo ayuda.
Lo que en principió llegué a pensar no era una buena idea, veo que tiene efectos bastante buenos para el niño. No quería que viese lo de los puntos como algo competitivo y una manera fácil de conseguir algo. Y así ha sido. Creo que el niño está aprendiendo a que las cosas no se consiguen así como así. Que todo requiere un esfuerzo por pequeño que sea.
A la vez compruebo que Alejandro empieza a saber apreciar las cosas y a adquirir cierto sentido de la responsabilidad. Sé que es pequeño para pedirle un nivel de responsabilidad como el de un adulto (nivel que a veces nosotros no tenemos con ellos), pero a su manera, lo va teniendo.
Lo que hace unos años pensaba que era imposible (poder tener una pequeña influencia en la educación de mis hijos), compruebo ahora que se derrumba a pasos agigantados. Los niños son listos, más de lo que los adultos creemos, y asimilan y comprenden perfectamente las cosas. Además, aunque quede raro decirlo yo, Alejandro es un niño tremendamente inteligente. Lástima de esa pereza que tiene a la hora de hacer algo. De alguien la habrá heredado.

La noche, que empezó con una pinta estupenda, ha acabado realmente mal.
Un desencuentro con ella ha hecho que todo el entusiasmo que tenía haya estallado en mil pedazos.
A veces pienso que no sé corresponderla como ella se merece, y una pequeña torpeza mía se convierte en un escollo que realmente parece insalvable. Tengo que aprender a medir mis actos. Sé que ya voy teniendo una edad en la que es difícil, pero ella no pasa por un buen momento y mis comportamientos extraños no ayudan nada.

Para rematar la noche he tenido un gran susto con mi compañero. De pronto se ha caído de la silla y ha tenido lo que creo ha sido un ataque epiléptico.
Han sido unos momentos muy difíciles hasta que han llegado las asistencias del 112. Me he sentido impotente al no poder, ni saber, que hacer. Solamente seguir torpemente lo que me decían por teléfono desde el 112.
Han sido muy pocos minutos hasta que han llegado con la ambulancia, pero a mí me ha parecido una eternidad. Impotente, intentando parar las convulsiones de Alberto sin conseguirlo. Por momentos, al verlo tirado en el suelo e inconsciente, he pensado que podría morirse.
La maldita idea de la muerte me ronda últimamente con frecuencia. Siempre la he tenido mucho miedo. Casi pánico. Pero desde mi pequeño susto con la tensión, se ha convertido en algo casi obsesivo.

Al final una noche que empezó con la alegría de mis hijos, y en especial el sorprendente comportamiento de Alejandro, ha acabado de manera realmente asquerosa.
Espero que mañana sea mejor día. A poco, superará a éste.

En la Plaza Mayor de Valladolid, la madrugada del 13 de mayo de 2009. Festividad de San Pedro regalado, patrón de Valladolid.