Retomo aquí este proyecto que surgió hace unos meses y que a las primeras de cambio dejó de tener continuidad. Esto fue debido a mi falta de decisión. Al no tener claro si desnudarme ante los demás era una buena idea y si podría aportarme algo.
Pasados estos meses y estas dudas, creo que será una buena idea seguir con esta especie de diario personal abierto a quien lo quiera leer. Aquí tendrán cabida las cosas que no cuento en otros sitios por razones obvias. El Adanero más informal queda reservado para otros lugares y aquí escribirá Angel sus historias más personales.
Por medio de este diario soltaré las cosas que llevo dentro y que servirán a quien me lea para conocerme más en profundidad. Para saber de la otra versión de Adanero, la que a veces sufre y llora por la vida. La que también disfruta por las pequeñas cosas que en ocasiones hacen que la vida (a pesar de todo) merezca mucho ser vivida.
Así pues, me enfrento con decisión y una buena dosis de miedo a mostrarme como soy. O por lo menos a enseñar ese lado de mí que los demás desconocen por haberlo escondido yo con recelo. Me enfrento a mí mismo y a mis fantasmas. A mi timidez y mi cobardía. A mis miserias y a mis dolores. A todas aquellas cosas que me cuesta tanto contar y mostrar a los demás. A aquello que suelo guardar para mí y que acaba formando parte de mi dolor personal.
En Valladolid la madrugada del martes 10 de noviembre de 2009. Sonando el Largo del Concierto para piano nº3 de Beethoven. Karajan y Gould los culpables.
Pasados estos meses y estas dudas, creo que será una buena idea seguir con esta especie de diario personal abierto a quien lo quiera leer. Aquí tendrán cabida las cosas que no cuento en otros sitios por razones obvias. El Adanero más informal queda reservado para otros lugares y aquí escribirá Angel sus historias más personales.
Por medio de este diario soltaré las cosas que llevo dentro y que servirán a quien me lea para conocerme más en profundidad. Para saber de la otra versión de Adanero, la que a veces sufre y llora por la vida. La que también disfruta por las pequeñas cosas que en ocasiones hacen que la vida (a pesar de todo) merezca mucho ser vivida.
Así pues, me enfrento con decisión y una buena dosis de miedo a mostrarme como soy. O por lo menos a enseñar ese lado de mí que los demás desconocen por haberlo escondido yo con recelo. Me enfrento a mí mismo y a mis fantasmas. A mi timidez y mi cobardía. A mis miserias y a mis dolores. A todas aquellas cosas que me cuesta tanto contar y mostrar a los demás. A aquello que suelo guardar para mí y que acaba formando parte de mi dolor personal.
En Valladolid la madrugada del martes 10 de noviembre de 2009. Sonando el Largo del Concierto para piano nº3 de Beethoven. Karajan y Gould los culpables.